Estando rodeados de tanta mediocridad, tanta despreocupación y conformismo, la Ilusión y las Expectativas son un antídoto contra la existencia media.
Lejos de no tener efectos secundarios, dicho antídoto se convierte inconsciente y, hasta el momento permanentemente y sin alternativa ni cambio, en una droga muy adictiva.
Es, además, inagotable y de fácil administración, aunque en este caso, no estoy muy segura de querer desintoxicarme.
El motivo es el siguiente: además de la dificultad (que quedaría relegada a un segundo plano), la encuentro necesaria y placentera, y su ausencia resultaría cegadora y en cierto modo, suicida.
Todos los excesos son malos y, en virtud o en desgracia, soy una persona tendente a exigir de cada momento una perfección en ocasiones imposible. Perfección que tiene como base la posibilidad de serlo, no una existencia utópica.
Como remedio, y tras mantener una conversación analítica con cierta persona a la que admiro; imploro a quien sepa cómo, e implórome a mi misma, ser capaz de aceptar las expectativas no cumplidas, o al menos, que no me afecten en la medida en que lo hacen y han hecho siempre.
Que mi paciencia a largo plazo no invada terreno a la inmediata, y que la balanza, más o menos se equilibre.
Lejos de no tener efectos secundarios, dicho antídoto se convierte inconsciente y, hasta el momento permanentemente y sin alternativa ni cambio, en una droga muy adictiva.
Es, además, inagotable y de fácil administración, aunque en este caso, no estoy muy segura de querer desintoxicarme.
El motivo es el siguiente: además de la dificultad (que quedaría relegada a un segundo plano), la encuentro necesaria y placentera, y su ausencia resultaría cegadora y en cierto modo, suicida.
Todos los excesos son malos y, en virtud o en desgracia, soy una persona tendente a exigir de cada momento una perfección en ocasiones imposible. Perfección que tiene como base la posibilidad de serlo, no una existencia utópica.
Como remedio, y tras mantener una conversación analítica con cierta persona a la que admiro; imploro a quien sepa cómo, e implórome a mi misma, ser capaz de aceptar las expectativas no cumplidas, o al menos, que no me afecten en la medida en que lo hacen y han hecho siempre.
Que mi paciencia a largo plazo no invada terreno a la inmediata, y que la balanza, más o menos se equilibre.
Que al fuego se le añada agua, tierra y aire.
ResponderEliminarQue a las expectativas e ilusiones, aceptación.
Y que la balanza nunca deje de moverse.
Añadiré algo a lo que te dije el otro día:
¿Cuántas vidas... juntas?
Merci, madame.